Del campo de refugiados al Foro Italico: cuando el Taekwondo se convierte en refugio
Siete niñas sirias salieron por primera vez del campo de Azraq para competir en Roma. Su viaje no fue un episodio aislado, sino la expresión más reciente de un modelo construido por la Federación Italiana Taekwondo para recibir a jóvenes que escaparon de guerras, persecuciones y pobreza. Detrás de las medallas y del liderazgo deportivo de Italia existe otra historia: la de una federación que decidió abrir sus puertas.
Antes de llegar a Roma, el mundo de aquellas niñas terminaba en los límites de un campo de refugiados.
Habían crecido en Azraq, en Jordania, dentro de una estructura levantada para recibir a miles de personas desplazadas por la guerra en Siria. Allí estaban sus hogares, sus escuelas, sus amistades y también el espacio donde descubrieron el taekwondo.

En junio de 2026, siete de ellas atravesaron por primera vez ese perímetro. Viajaron a Italia, conocieron Roma e ingresaron al Foro Italico, uno de los escenarios más reconocidos del deporte internacional.
No llegaron como espectadoras ni como figuras simbólicas de una acción solidaria. Llegaron como atletas.
Compitieron en el Torneo Kim e Liù, compartieron la sede utilizada por los protagonistas del World Taekwondo Grand Prix y comprobaron que el deporte que practicaban dentro de un campo de refugiados también podía llevarlas al otro lado del mundo.

La escena resumió una idea que la Federación Italiana Taekwondo lleva años transformando en una política concreta: una federación no solo debe organizar competencias, formar campeones y conquistar medallas. También puede ofrecer refugio, continuidad y una oportunidad para comenzar de nuevo.
De Azraq al Foro Italico
El viaje de las siete niñas había comenzado mucho antes de subir a un avión.
Durante una visita al campo de Azraq, el presidente de la Federación Italiana Taekwondo, Angelo Cito, les prometió que algún día podrían competir en Italia.
Cumplir aquella promesa exigía mucho más que una invitación. Implicaba documentación, traslados internacionales, recursos, acompañamiento y coordinación entre instituciones deportivas y humanitarias.
En junio de 2026, las niñas llegaron finalmente a Roma.

Participaron en el Kim e Liù, el tradicional torneo infantil organizado por FITA en simultáneo con el Grand Prix. Antes de competir, la delegación fue recibida por el papa León XIV y asistió a la presentación oficial del evento.
El contraste era profundo.
Niñas que habían conocido el taekwondo dentro de un campamento creado como respuesta de emergencia a una guerra se encontraban ahora en una de las grandes capitales del mundo, sobre los mismos campos donde competían campeones mundiales y aspirantes olímpicos.
Sin embargo, el verdadero valor de aquel viaje no estuvo en la audiencia, la ceremonia ni la fotografía institucional.
Estuvo en haberlas tratado como deportistas.

El Taekwondo detrás de los límites del campo
El Centro Humanitario de Taekwondo de Azraq funciona desde 2018 como parte de los programas de la Taekwondo Humanitarian Foundation y World Taekwondo.
Bajo la dirección del maestro Asif Sabah, niños y niñas practican la disciplina dentro del campamento, con participación equilibrada entre ambos géneros.
El proyecto no pretende borrar la realidad que los rodea. Ningún entrenamiento puede sustituir un hogar perdido, devolver una infancia interrumpida ni resolver las consecuencias de una guerra.
Puede, sin embargo, recuperar algo esencial: la posibilidad de establecer una meta.
Para un niño refugiado, vestir un dobok, aprender una técnica, respetar una regla, rendir un examen o representar a un equipo puede significar mucho más que practicar un deporte.
Puede significar volver a imaginar un futuro.
Con el tiempo, los alumnos del centro comenzaron a competir en torneos nacionales de Jordania y obtuvieron resultados deportivos. De ese programa surgió Yahya Bassam Al-Ghotany, integrante del Equipo Olímpico de Refugiados y abanderado de la delegación en la ceremonia de apertura de París 2024.
El viaje de las niñas a Roma amplió ese horizonte.
Por primera vez, la puerta abierta por el taekwondo las llevó físicamente fuera del campo.
Taekwondo Migrante: el origen del modelo italiano
La relación de FITA con los refugiados no comenzó en Azraq ni con la creación de una fundación.
Sus raíces se encuentran en Sicilia, donde el proyecto Taekwondo Migrante llevó la práctica deportiva a jóvenes refugiados y solicitantes de asilo alojados en centros de acogida.
La iniciativa fue ideada y coordinada por el técnico federativo Matteo Barcellona junto con profesionales del sistema de protección social de Palermo.
Su finalidad no era descubrir talentos deportivos. Buscaba emplear el taekwondo como herramienta de integración, autonomía, convivencia y construcción de vínculos.
En noviembre de 2018, el programa quedó formalizado mediante un acuerdo entre la Federación Italiana Taekwondo y el Ayuntamiento de Palermo.
El objetivo era ayudar a jóvenes recién llegados a comprender reglas, formar parte de un grupo y recuperar relaciones sociales dentro de un país desconocido.
De aquella experiencia surgió una de las historias que mejor explican el alcance del proyecto.
Moussa Koulibalì: combatir para reconstruirse
Moussa Bahira Koulibalì llegó a Italia procedente de Guinea.
En la palestra encontró algo que no siempre había recibido en otros espacios: acompañamiento antes que sospecha, integración antes que juicio.
Su recorrido fue contado en el libro Combattere. Una storia di libertà e integrazione attraverso il Taekwondo, escrito por Federico Viola y Matteo Barcellona y presentado en el Foro Italico durante el Grand Prix de Roma de 2022.
“En la palestra siempre encontré una mano sobre el hombro, no un juicio. Por eso el deporte me salvó”.
Las palabras de Moussa terminaron convirtiéndose en una síntesis del proyecto.
Para algunas personas, combatir no significa vencer a un adversario. Significa resistir, recuperar la confianza y reconstruir una identidad después de haberlo perdido casi todo.
THF Italia: de la solidaridad a una estructura permanente
En 2021, la Federación Italiana Taekwondo dio un paso decisivo con la creación de THF Italia, vinculada a la Taekwondo Humanitarian Foundation fundada por el presidente de World Taekwondo, Chungwon Choue.

La organización italiana nació para convertir las iniciativas humanitarias en una política estable y no en una sucesión de respuestas ocasionales.
Angelo Cito impulsó su creación con la intención de articular recursos, programas y relaciones institucionales dirigidas a refugiados y niños en situación de vulnerabilidad.
“La decisión de llevar THF a Italia nació de la voluntad de poner el taekwondo al servicio de las personas y, sobre todo, de los niños en dificultad. El taekwondo es una disciplina universal y para todos”.
El cambio fue significativo.
La solidaridad dejó de depender exclusivamente de la urgencia del momento y adquirió continuidad organizativa.
El Centro de Preparación Olímpica Giulio Onesti, donde se entrenan los principales atletas italianos, comenzó a funcionar también como espacio de recepción para deportistas obligados a abandonar sus países.
La federación ya no se limitaba a afirmar que el deporte podía unir a las personas. Comenzó a poner instalaciones, técnicos, alojamiento y oportunidades competitivas al servicio de esa idea.
La guerra de Ucrania llegó a las puertas de FITA
En marzo de 2022, pocas semanas después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, la Federación Ucraniana de Taekwondo pidió ayuda a Italia.

Varios atletas juveniles necesitaban abandonar el país y encontrar un lugar donde pudieran continuar su preparación.
La respuesta de FITA fue inmediata: el Centro de Preparación Olímpica de Roma abrió sus puertas.
Siete jóvenes ucranianos fueron recibidos en Italia: Mariia Labuzova, Renata Podolian, Danyil Babloniuk, Andrii Chumachenko, Oleksandr Chumachenko, Mykhailo Korsak y Daniil Maidaniuk.
Varios permanecieron en Roma, alcanzaron la mayoría de edad, iniciaron estudios universitarios y se incorporaron al trabajo cotidiano de la selección italiana.
Mykhailo Korsak y Andrii Chumachenko participaron como compañeros de entrenamiento de Simone Alessio y Vito Dell’Aquila durante la preparación para los Juegos Olímpicos de París 2024.

La imagen encerraba una paradoja poderosa.
Mientras la guerra intentaba suspender sus proyectos de vida, aquellos jóvenes ayudaban a preparar a dos referentes italianos para el mayor escenario deportivo del planeta.
No eran huéspedes separados del equipo. Formaban parte de su estructura de entrenamiento.
“Los sueños de los atletas y de los jóvenes que recibimos desde hace años siguen vivos. La guerra, al menos en esto, no ha ganado”.
Hadi Tiranvalipour: escapar para volver a competir
Hadi Tiranvalipour comenzó a practicar taekwondo a los seis años en Irán.
Sus posiciones públicas en defensa de los derechos humanos y de las mujeres lo expusieron a amenazas que finalmente lo obligaron a abandonar su país.
Su llegada a Italia estuvo lejos de la vida de un atleta de alto rendimiento.
Sin contactos, sin conocer el idioma y sin una estructura que lo recibiera, atravesó condiciones de extrema precariedad antes de llegar a la Federación Italiana Taekwondo.

El encuentro con FITA marcó un punto de inflexión.
La federación lo incorporó a su estructura de entrenamiento y colaboró con las autoridades italianas durante el proceso que le permitió obtener protección como refugiado.
Desde enero de 2023 comenzó a vivir y entrenarse en el Centro Giulio Onesti junto con la selección nacional.
En 2024, el Comité Olímpico Internacional lo seleccionó como uno de los 36 integrantes del Equipo Olímpico de Refugiados para París 2024. Compitió en la categoría de menos de 58 kilogramos después de realizar su preparación con el equipo italiano dirigido por Claudio Nolano.
Su recorrido no terminó en el tatami.
En abril de 2025 se graduó en Ciencias del Deporte en la Universidad de Roma Tor Vergata y comenzó a participar en encuentros educativos promovidos por la federación.
“Mi historia demuestra que el deporte puede cambiar realmente la vida de las personas”.
Hadi no recuperó únicamente una carrera deportiva.
Construyó una nueva vida.
Mahdia Sharifi: entrenar para conservar la voz
La historia de Mahdia Sharifi comenzó en Herat, Afganistán.

Empezó a practicar taekwondo a los once años, inicialmente a escondidas de su padre, dentro de una sociedad en la que las artes marciales eran consideradas una actividad reservada para los hombres.
Con el apoyo de su madre y de sus hermanos consiguió continuar entrenándose. Más tarde ingresó a la selección afgana y en 2019 ganó una medalla de oro en una competencia universitaria celebrada en Corea del Sur.
En agosto de 2021, la llegada de los talibanes a Herat la obligó a huir.
Tenía 17 años cuando fue evacuada hacia Italia mediante un operativo coordinado por la diplomacia italiana.
Sin dominar el idioma y después de perder casi todo lo que definía su vida anterior, buscó una palestra de taekwondo en Genova.
Era una forma de volver a reconocerse.
Desde abril de 2023 forma parte de un programa de apoyo para atletas refugiados y comenzó a entrenarse en Roma junto con la selección italiana.
FITA le ofreció los mismos espacios, técnicos y posibilidades competitivas disponibles para sus deportistas.
Mahdia también convirtió su experiencia en una voz pública. Participó en encuentros institucionales y reclamó los derechos fundamentales de las mujeres afganas, muchas de las cuales ya no pueden estudiar ni practicar deportes en su propio país.
“Quiero dar voz a todas las mujeres afganas olvidadas. Espero que algún día cada mujer pueda tener sus derechos fundamentales y su libertad”.
Para Mahdia, entrenar no significa únicamente sostener una carrera deportiva.
Significa negarse a desaparecer.
Las mismas puertas, sin preguntar la bandera
Las historias de Moussa, Hadi, Mahdia, los atletas ucranianos y las niñas de Azraq proceden de países, culturas y conflictos diferentes.

Lo que las conecta no es una campaña aislada, sino una decisión institucional: abrir las mismas instalaciones utilizadas por los campeones italianos a quienes necesitan un lugar para continuar.
Ese principio obliga a separar a las personas de los gobiernos y a los atletas de las guerras.
Cito sostuvo públicamente que la ayuda también debía estar disponible para deportistas rusos que se encontraran en peligro o necesitaran protección.
La posición no elimina responsabilidades políticas ni relativiza los conflictos. Defiende un principio esencial del movimiento olímpico: ningún atleta debe ser discriminado únicamente por su nacionalidad.
En noviembre de 2024, el ministro italiano de Deportes y Juventud, Andrea Abodi, visitó el Centro Giulio Onesti.
Allí encontró a atletas italianos, ucranianos, iranianos y afganos entrenándose dentro del mismo espacio.
La imagen explicaba el modelo mejor que cualquier discurso.
El deporte no detiene guerras, pero puede abrir puertas
Presentar al deporte como una solución universal sería una simplificación.

El taekwondo no detiene bombardeos, no sustituye políticas migratorias, no concede protección jurídica por sí mismo ni devuelve a las familias separadas.
Tampoco puede reparar completamente las heridas provocadas por la persecución, el exilio o la pérdida.
Puede, sin embargo, ofrecer algo concreto cuando está respaldado por instituciones dispuestas a actuar.
Puede proporcionar un lugar seguro, una rutina, una comunidad, acceso a educación, acompañamiento profesional y la posibilidad de continuar una carrera interrumpida.
La diferencia entre un gesto simbólico y una política real se encuentra precisamente allí: en lo que sucede después de la fotografía.
Los jóvenes ucranianos continuaron viviendo, estudiando y entrenándose en Roma.
Hadi llegó a los Juegos Olímpicos y se graduó en una universidad italiana.
Mahdia encontró una estructura deportiva y una plataforma desde la cual reclamar los derechos de las mujeres afganas.
Moussa transformó su recorrido en una historia capaz de acompañar a otros jóvenes migrantes.
Y las niñas de Azraq no fueron llevadas al Foro Italico únicamente para observar.
Subieron al área de competencia.
Una federación también se mide por las vidas que transforma
Italia alcanzó la élite internacional del taekwondo mediante campeones olímpicos, resultados deportivos y una estructura reconocida dentro de World Taekwondo.

Sin embargo, existe otra forma de medir la importancia de una federación.
No consiste en contar medallas, analizar rankings o calcular la cantidad de eventos organizados.
Consiste en observar qué hace con su capacidad institucional cuando alguien golpea su puerta.
FITA decidió utilizar parte de esa capacidad para recibir a personas que habían perdido su país, su estabilidad o el derecho elemental a practicar el deporte que eligieron.
Ese trabajo no convierte al taekwondo en una solución para todos los problemas humanitarios. Pero demuestra que las instituciones deportivas pueden hacer más que pronunciar palabras como paz, inclusión y solidaridad durante una ceremonia.
Pueden convertirlas en decisiones.
“Nuestras puertas están abiertas a todos los atletas que escapan de zonas de guerra. Son gestos que una federación puede realizar y que valen más que un millón de palabras: son los hechos”.
En junio de 2026, mientras algunos de los mejores competidores del mundo disputaban puntos rumbo a Los Ángeles 2028, siete niñas procedentes de un campo de refugiados ingresaron al mismo escenario con sus doboks.
Habían atravesado fronteras, controles y miles de kilómetros para llegar hasta allí.
Durante unas horas dejaron de ser presentadas únicamente como víctimas de una guerra que no eligieron.
Fueron atletas.
Y quizá esa sea la expresión más profunda de lo que puede hacer el deporte cuando alguien decide abrir la puerta.
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