Lealtad, respeto y dignidad contra sumisión, imposición y devoción
En los últimos años, se habla mucho sobre los valores que deberían estar intrínsecos en las artes marciales, como el respeto, la lealtad, el autocontrol y la honestidad. Sin embargo, tristemente, algunos grandes maestros han transformado estos valores en devoción desmedida, sumisión de sus seguidores y la imposición de medidas y decisiones que afectan directa e indirectamente a quienes los rodean.
En los últimos años, se habla mucho sobre los valores que deberían estar intrínsecos en las artes marciales, como el respeto, la lealtad, el autocontrol y la honestidad. Sin embargo, tristemente, algunos grandes maestros han transformado estos valores en devoción desmedida, sumisión de sus seguidores y la imposición de medidas y decisiones que afectan directa e indirectamente a quienes los rodean.
Es justo hacer una pausa para reconocer a aquellos que han mantenido intacta la esencia de las artes marciales, brindando oportunidades a sus discípulos y ganándose respeto y lealtad genuinos sin necesidad de imponer. A estos verdaderos líderes, mi reconocimiento. Sin embargo, este editorial pretende analizar conceptos fundamentales y confrontar prácticas que, más que valores, representan antivalores.
El respeto:
El respeto implica reconocer, apreciar y valorar las cualidades de los demás. Es un acto recíproco que no debe tomarse como algo unilateral. Para ser respetados, debemos respetar. Sin embargo, en el mundo marcial actual, es común encontrar quienes demandan respeto sin ofrecerlo, quienes no reconocen opiniones distintas y desprecian el diálogo.
La dignidad:
La dignidad es el reconocimiento del respeto que merece cada persona. Está ligada a valores como el honor, la integridad y la decencia. ¿Cómo podemos considerarnos personas dignas si descalificamos a quienes piensan diferente o asumimos que nadie puede reemplazarnos? Una actitud digna debe estar lejos de juicios y persecuciones hacia quienes expresan opiniones distintas.
La sumisión:
La sumisión, entendida como el sometimiento al juicio de otros, se ha disfrazado de marcialidad. Algunos líderes confunden respeto y lealtad con obediencia ciega, aprovechándose de seguidores que, voluntariamente o no, refuerzan este antivalor. Aquí, la complicidad entre dominadores y dominados perpetúa dinámicas dañinas.
La imposición:
La imposición es la exigencia desmedida que obliga a aceptar decisiones sin cuestionamientos. Muchos líderes ocultan sus imposiciones bajo el pretexto de «favores» u «oportunidades», cuando en realidad solo buscan beneficios personales. Este comportamiento desvirtúa los valores que las artes marciales promueven.
La devoción:
La devoción hacia líderes que se erigen como figuras incuestionables resulta alarmante. Al vender la idea de que sin ellos nada sería posible, crean una ilusión de familia o comunidad que solo los beneficia a ellos mismos y a sus más cercanos.
Este editorial no busca ofender, sino invitar a la reflexión. Las artes marciales necesitan equilibrio, oportunidades reales para todos y una ruptura con las prácticas que perpetúan desigualdades. El Taekwondo no pertenece a nadie; es un legado que debemos cuidar y compartir con dignidad, respeto y lealtad genuina.
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