Año Nuevo
Para la mayoría de taekwondoínes que conozco, el Año Nuevo siempre viene con la esperanza de traer cosas buenas, esperanza que se ve altamente expuesta la primera vez que alguien se sube a la báscula en el año. Por lo regular las fiestas decembrinas no dejan nada bueno al cuerpo y las consecuencias se empiezan a notar el primer día que regresas a entrenar y con sólo el calentamiento ya estás más cansado que una morsa corriendo los cien metros planos (Me han contado).
Otra cosa que suele suceder durante los primeros días del año es que la acumulación de ácido láctico durante la primera semana de entrenamiento llega ser tan alta que al despertar te sientes como si hubieras bailado mambo con alguno de los hipopótamos de la película “Fantasía” y las ganas de no volver a levantarte alcanzan niveles de peligro altamente amenazante.
Los primeros días del año son difíciles porque la mayoría arranca desde cero, y son más difíciles aún cuando no hay ningún evento durante el primer mes. Me ha tocado que nos ponen un torneo durante los primeros días del año (A veces siento que lo hacen con toda intención) y, oh sí, he pasado amargas navidades e incontables noches malas.
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