Choue y la década humanitaria del Taekwondo: THF abre una nueva etapa global desde Lausanne

La Taekwondo Humanitarian Foundation celebró su décimo aniversario con una reunión de su Board en la sede de FISU, en Suiza. Bajo la visión del Dr. Chungwon Choue, la organización proyecta una nueva fase centrada en educación, becas para atletas rumbo a LA2028 y expansión hacia comunidades vulnerables alrededor del mundo.

Choue y la década humanitaria del Taekwondo: THF abre una nueva etapa global desde Lausanne

LAUSANNE, Suiza. — Diez años después de su creación, la Taekwondo Humanitarian Foundation (THF) vuelve a colocar al Taekwondo en un lugar que excede ampliamente los límites del deporte competitivo. Su Board se reunió en la sede de la International University Sports Federation (FISU), en Lausanne, para conmemorar una década de trabajo humanitario y aprobar una nueva etapa de expansión internacional.

La agenda incluye nuevos programas educativos para jóvenes del campamento de Azraq, en Jordania; la renovación de becas para atletas con proyección hacia el proceso de clasificación olímpica rumbo a Los Ángeles 2028; y la ampliación de iniciativas destinadas a comunidades desplazadas, refugiadas y socialmente vulnerables en distintas regiones del mundo.

Pero el verdadero centro político de esta historia no está únicamente en los programas aprobados. Está en la visión que los hizo posibles.

La THF es, ante todo, una construcción institucional del Dr. Chungwon Choue, Presidente de World Taekwondo y una de las figuras que más ha trabajado para transformar al Taekwondo en una herramienta de diplomacia deportiva, inclusión social y responsabilidad global. Bajo su liderazgo, el Taekwondo dejó de ser presentado solo como un arte marcial olímpico para convertirse también en un lenguaje universal de esperanza, disciplina, dignidad y reconstrucción humana.

Fundada en 2015, con una visión directamente vinculada al mandato humanitario del deporte, la THF nació con una premisa poderosa: llevar el Taekwondo a quienes habían perdido casi todo, pero no la posibilidad de volver a soñar. En campamentos de refugiados, en contextos de desplazamiento forzado y en comunidades atravesadas por la vulnerabilidad, la organización comenzó a demostrar que una clase de Taekwondo puede ser mucho más que una práctica física.

Puede ser una escuela de autoestima.

Puede ser una estructura de pertenencia.

Puede ser un espacio de protección.

Puede ser el primer paso entre la supervivencia y un proyecto de vida.

Azraq, en Jordania, se transformó en uno de los símbolos más visibles de esa política humanitaria. Allí, niños y jóvenes refugiados encontraron en el Taekwondo una rutina, una disciplina, una identidad y, en algunos casos, una plataforma hacia el alto rendimiento internacional. La historia de Yahya Al Ghotany, atleta sirio formado en el ecosistema humanitario del Taekwondo y posteriormente integrante del Equipo Olímpico de Refugiados en París 2024, se convirtió en una demostración concreta de que el deporte, cuando existe visión institucional, puede cambiar trayectorias humanas.

Ese es el punto que diferencia a la THF de una iniciativa asistencialista tradicional. No se trata solamente de llevar actividad física a un campamento. Se trata de construir sistemas, generar continuidad, formar instructores, abrir caminos educativos, sostener becas y conectar a jóvenes invisibilizados con el movimiento olímpico internacional.

En un mundo donde los conflictos armados, la migración forzada, la desigualdad y las crisis humanitarias siguen afectando a millones de personas, el deporte enfrenta una pregunta inevitable: ¿puede limitarse a organizar eventos, repartir medallas y producir rankings, o debe asumir también una responsabilidad frente al dolor social de su tiempo?

La respuesta de Choue, a través de la THF, fue política en el mejor sentido de la palabra: el Taekwondo no podía permanecer indiferente.

Por eso, la reunión en Lausanne tiene una dimensión que supera el aniversario. La presencia del Board de THF en la sede de FISU proyecta una convergencia estratégica entre deporte, educación y desarrollo humano. No es casual que la nueva etapa contemple programas educativos para estudiantes en Azraq. La educación aparece como el siguiente paso natural de una organización que ya probó que el Taekwondo puede ordenar, motivar y empoderar, pero que ahora busca ampliar su impacto hacia herramientas de formación más integrales.

La renovación de becas para atletas camino a LA2028 también marca otra señal de fondo: la THF no trabaja solamente para contener, sino también para proyectar. La posibilidad de que jóvenes refugiados puedan aspirar a procesos de clasificación olímpica representa una declaración de principios frente al sistema deportivo global. Significa reconocer que el talento puede nacer en cualquier lugar, incluso en los escenarios más duros, y que las instituciones tienen la obligación moral de abrir puertas donde antes solo había muros.

En esa arquitectura, Choue aparece como el artífice de una de las políticas más relevantes del Taekwondo moderno. Su gestión logró instalar una idea que hoy forma parte del capital simbólico de World Taekwondo: el Taekwondo no solo compite en los Juegos Olímpicos; también actúa allí donde la humanidad necesita reconstruir confianza.

Ese posicionamiento tiene un valor geopolítico evidente. Mientras muchos deportes buscan expandirse únicamente a través del mercado, el espectáculo o la profesionalización, World Taekwondo consolidó, mediante la THF, una plataforma de legitimidad internacional basada en valores, derechos humanos, educación y paz. En términos de política deportiva global, eso fortalece la presencia del Taekwondo en los espacios donde se discuten no solo medallas, sino también impacto social, diplomacia pública y responsabilidad institucional.

El décimo aniversario de la THF llega, además, en un momento clave para el movimiento olímpico. La ruta hacia LA2028 ya comenzó a ordenar prioridades, narrativas y disputas de visibilidad dentro del deporte internacional. En ese contexto, el Taekwondo tiene una carta diferencial: puede hablar de rendimiento, pero también de humanidad. Puede hablar de campeones, pero también de refugiados. Puede hablar de futuro olímpico, pero también de niños que encontraron en un dobok una forma de recuperar dignidad.

Esa es la verdadera fuerza política de la THF.

Durante una década, la fundación demostró que el Taekwondo puede ingresar en territorios donde la geopolítica fracasó, donde la guerra desplazó familias, donde la pobreza limitó oportunidades y donde miles de jóvenes crecieron lejos de su país, de su escuela o de una vida estable. Allí, el deporte se convirtió en una herramienta de orden, confianza y esperanza.

La nueva etapa aprobada en Lausanne confirma que la THF no mira su décimo aniversario como un punto de llegada, sino como una plataforma para escalar su misión. Educación, becas, expansión internacional y comunidades vulnerables aparecen ahora como los ejes de una década que podría profundizar aún más el rol humanitario del Taekwondo en el sistema deportivo mundial.

En tiempos donde muchas organizaciones deportivas hablan de valores, la THF ofrece una evidencia concreta: los valores no se declaman, se implementan.

Y en esa implementación, el Dr. Chungwon Choue dejó una huella que ya forma parte de la historia contemporánea del Taekwondo. La creación y consolidación de la THF no solo fortaleció la imagen global de World Taekwondo; también le dio al deporte una causa que trasciende cualquier campeonato.

Porque cuando un niño refugiado entra a un área de entrenamiento y encuentra disciplina, contención, respeto y futuro, el Taekwondo deja de ser simplemente un deporte.

Se convierte en una forma de dignidad.

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