Jeong Kook Hyun, nacido para vencer

Una nueva edición de “Guerreros de la vieja escuela”, donde conoceremos en acción a uno de los grandes indiscutidos de nuestro deporte.

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Una nueva edición de “Guerreros de la vieja escuela”, donde conoceremos en acción a uno de los grandes indiscutidos de nuestro deporte.

Si había alguien que imponía respeto de verdad en el combate, ese sin duda fue este competidor.

Se retiró invicto, después de haber dado verdaderos recitales en competición. Su autoridad, dominio y jerarquía en la zona de combate eran abrumadores.

Emanaba total seguridad a la hora de pelear: verlo apurado era prácticamente imposible. Ni golpeándolo se le conseguía frenar. Asumía el golpe y lo devolvía multiplicado.

Con su devastadora pegada aniquilaba a sus contrarios y metía miedo.

Jeong Kook Hyun es el mayor exponente de una época gloriosa del Taekwondo.

Su figura es tan grande que todo aquel que se acerque… tendrá que ponerse a su sombra.

Siempre se lo veía haciendo el signo de la victoria con sus dedos; signo que lo acompañaría en toda su vida deportiva.

Podríamos decir que es uno más de las leyendas coreanas de los 80 que se retiraron invictas. Pero Jeong Kook Hyun es mucho más.

Es el mejor de todos ellos: el comandante en jefe de esa generación de míticos luchadores coreanos. El único en conseguir tres campeonatos asiáticos, cuatro campeonatos mundiales y un oro olímpico consecutivos.

Terrible competidor que, en zona de combate, se mostraba implacable. De estatura relativamente baja para el peso que limitaba (-76 kg), apenas pasaba 1,70 m, mientras que sus adversarios, en la mayoría de los casos, estaban por encima del 1,80 m.

Esa variable, en su situación, en vez de ser un problema, él la convertía en una ventaja. Jeong era rapidísimo y de una potencia descomunal.

No dudaba en plantarse delante de cualquiera, dentro de la distancia de los palos, y retarlo para provocar su acción o atacarlo a degüello.

Lanzaba verdaderos misiles inteligentes con sus piernas y obuses desde sus puños. Encadenamientos de vértigo y descendentes que cortaban el aire. Él no iba a “picar” el peto… literalmente lo hundía.

No iba a rozar la cabeza para ganar el punto. Más bien parecía que la quería arrancar de su sitio.

Además, tenía precisión en sus acciones y una inteligencia que lo hacían inalcanzable para el resto.

Podía adaptarse a cualquier tipo de competidor o estrategia que le impusieran, porque él siempre tenía una solución a cualquier problema que le establecieran.

Por eso Jeong Kook Hyun fue el mejor entre los mejores: el Campeón de Campeones.

Al día de hoy, sigue impartiendo clases magistrales por todo el mundo; es director del comité técnico de la WTF (VER NOTA). En su propio país aún lo idolatran y lo reconocen simplemente como “La Leyenda”.

 

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