Cuando el Taekwondo también fue víctima del terrorismo
A pocos días de haber presenciado los atentados realizados en el Maratón de Boston, recordamos que el Taekwondo no ha quedado libre de tragedias.
La explosión de dos bombas este lunes durante el maratón de Boston (Massachusetts), que causó la muerte de tres personas y heridas a más de 150 (Ver: Tres muertos por un atentado terrorista en la maratón en Boston), es el último de los atentados perpetrados durante la celebración de acontecimientos deportivos.
Es tanto dolor, confusión y miedo el que genera un atentado terrorista como el del lunes 15 de abril en Boston, que nos hace recordar la gran cantidad de veces que el deporte fue víctima de estas repudiables maniobras (Ver: Los eventos deportivos, un blanco de ataques de grupos terroristas). Entre estas lamentables historias también existe una para nuestro deporte que vale la pena no olvidar para mantener vivo el recuerdo de esos jóvenes que murieron en manos de la locura extremista.
Jóvenes con sueños olímpicos, atletas como los que vemos en cualquier campamento de entrenamiento, sudando, sacrificándose para lograr algún día una medalla, ya sea regional, nacional u Olímpica. Así eran los 13 jóvenes miembros de un club de Iraq de Taekwondo que viajaban hacia su vecino Jordán en mayo de 2006. De repente, su convoy fue detenido por desconocidos que los secuestraron en una carretera entre las ciudades de Fallujah y Ramadi, en la provincia de Anbar. Ya nadie supo más de los jóvenes y de los demás miembros de la delegación. Nadie los vio vivos de nuevo.
Tuvo que pasar un año para que finalmente en 2007, los Miembros del Anban Salvation Council, encontraran solamente los restos de los cuerpos de los atletas.
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