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Después de cuatro largos años de espera comenzaron por fin los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Han sido cuatro años en los que hemos visto de todo: desde estrellas que se apagan hasta talentos que nacen y van buscando poco a poco su lugar en la historia.
Los Olímpicos siempre nos traen grandes sorpresas. Hay momentos que se quedan grabados para siempre, por algo es la máxima fiesta deportiva de la humanidad.
Recuerdo en el año 2000 a un tal Ian Thorpe y una tal Inge de Bruijn que cruzaban las piscinas cual si fueran unos magníficos delfines. Recuerdo también a una aborigen llamada Cathy Freeman que prendió el pebetero y días después ganó los 400 metros planos corriendo con un traje como de hombre rana. Cómo olvidar a una señorita capaz de cargarme por encima de su cabeza y que fue la primera mujer en la historia que le daba una medalla de oro a mi país, una tal Soraya Jiménez. Y por supuesto que nunca olvidaré haber estado despierto toda la noche viendo a un señor llamado Víctor Estrada peleando una y otra vez en la ronda de repechaje para alcanzar el bronce Olímpico.
En el 2004 yo cursaba mi primer semestre en la Universidad. Jamás olvidaré el día en que los argentinos le ganaron a Estados Unidos en el basquetbol, o la vez que el chino Liu Xiang ganó los 110 metros con vallas, tampoco se me va olvidar cuando un payaso hijo de puta sacó de la calzada al brasileño Lima faltando ya muy pocos kilómetros para terminar el maratón. Y por supuesto que nunca olvidaré las salidas entre clases con el señor de las quesadillas de al lado de la escuela para poder ver las peleas de Oscar, Iridia y Víctor.
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